Tishá Be Av- Día de Duelo

24/Jul/2015

De la cole, Moshé Korin

Tishá Be Av- Día de Duelo

Tishá Beav (el noveno día del mes de Av), es
una fecha de duelo, de ayuno y de oración. Ese día tuvieron lugar dos hechos
aciagos: la destrucción del Primer Templo de Jerusalem (Bet Hamikdash Harishón),
a manos de los babilonios, en el año 586 antes de la Era Común; y por extraña
coincidencia, también la ruina del Segundo Templo (Bet Hamikdash Hashení),
perpetrada por los romanos en el año 70 de la Era Común.
PRIMER TEMPLO.
Salomón, el Rey Sabio (siglos XI-X a.E.C.),
inauguró un período de paz y pudo construir el magnífico Santuario en su
capital, Jerusalem. A su muerte tuvo lugar la división del país en dos reinos:
el de Israel y el de Iehudá. El Reino de Israel fue conquistado por los asirios
en el año 722 antes de la Era Común. Por su parte, el Reino de Iehudá, con su
capital Jerusalem, existió hasta el siglo VI antes de dicha Era. Sometido al
yugo de Babilonia, intentó liberarse del mismo, pero el rey Nabucodonosor puso
sitio a la ciudad en el año 587.
El día 9 de Av, en el 586 a.E.C, entraron en
Jerusalem e incendiaron su magnífico Templo. Una vez dueños del país, enviaron
a la mayoría de sus habitantes al destierro en Babilonia (GalutBavel).
SEGUNDO TEMPLO.
En el año 538 a.E.C, Ciro (Kóresh), rey de
Persia, conquista Babilonia. El monarca victorioso permitió a los judíos
regresar a su patria y reconstruir el Templo. Retornaron bajo la dirección del
príncipe Zerubavel ben Shealtiel, nieto del Rey de Iehudá, Iehoiajín; y de
Iehoshúa ben Iehotzadak, nieto del último Gran Sacerdote de Jerusalem.
La alegría del regreso se refleja en el famoso
Cántico (Salmo CXXVI): «Cuando Dios hizo retornar a los cautivos a Sión, estábamos
como en sueños». (Beshuv Adonái et shivat Tzión, haínukejolmim). El Templo
de Jerusalem quedó terminado en el año 516 a.E.C.
El dominio del país pasó luego a manos de los
griegos, y más tarde de los romanos. Descontentos los judíos por los abusos de
estos últimos, una parte del pueblo se preparó para la rebelión. Pronto
estallaron las hostilidades (año 66 de la E.C): El jefe enemigo, encargado de
reprimir a los insurrectos, era el general Vespasiano, a quien acompañaba su
hijo Tito. La lucha culminó con el asedio a Jerusalem, siendo Tito el
comandante romano.
El día 17 del mes de Támuz, los romanos
lograron atravesar la muralla. Por último, el día 9 de Av del año 70, la ciudad
cayó y el Templo fue puesto en llamas. Sólo quedaron restos del Muro Occidental
(HakótelHamaaraví) que rodeaba el atrio del Santuario. Una frase talmúdica
afirma que «la Presencia Divina (Shejiná) no se apartó jamás del Muro».
Éste es llamado también «KotelHadmaot» (el Muro de las Lágrimas, o de
los Lamentos), ya que siempre acogió el llanto y los ruegos de quienes acudían
a él.
UNA FECHA INFAUSTA.
Consta en la tradición judía que otros hechos
infortunados sucedieron en Tishá Beav: en esa fecha se decretó que la generación
del desierto, salida de la esclavitud en Egipto, no entraría en la Tierra
Prometida; y el mismo día, en el año 135, cayó la fortaleza de Betar,
fracasando así el heroico levantamiento de Bar Kojva contra los romanos. La
expulsión de los judíos de España, (1492) también aconteció en esa fecha.
Pero el duelo se centra fundamentalmente, en
la destrucción de Jerusalem y de su Santuario, ya que marcó el término de una
vida independiente del Pueblo Judío en su tierra. Muchos combatientes cayeron
en las batallas, otros fueron hechos prisioneros. Y así comenzó el duro exilio,
la dispersión del Pueblo Judío por todo el orbe.
Sin embargo, gracias al recuerdo siempre
vigente de un pasado feliz, los sentimientos de pesar en Tishá Beav daban paso a
las ansias de redención. Y así nuestros sabios pudieron afirmar que «el
mismo día en que el Templo de Jerusalem era destruido, nacía el Mesías».
LAMENTACIONES («Kinot»).
En la víspera de Tishá Beav, los judíos
observantes son convocados a las Casas de Oración. Y a la vacilante luz de las
velas, recitan lamentaciones (kinot), leen composiciones litúrgicas de duelo
(piutéievel), y especialmente el texto bíblico atribuido al Profeta Jeremías:
«Meguilat Eija». Se llama meguilá (rollo) porque se guarda en las
sinagogas escrito en un rollo de pergamino. Y Eija es la primera palabra de ese
texto, en la dolorosa frase inicial: «Eij aiash vá badad haír rabati am»
(!Cómo se sienta en soledad la ciudad populosa!).
La ciudad de Jerusalem, de cuya primera destrucción
el profeta fue testigo, y a la que llora amargamente: » ¿A quién te
compararé y asemejaré, hija de Jerusalem? ¿A quién te igualaría yo para
consolarte, virgen hija de Sión? ¡Tu quebranto es grande como el mar! ¿Quién
podrá curarte?» (II,13). (¿Máaidej, má adamé-laj, habat Ierushaláim?
¿Máashvé-lajvaanajamej, betulabat-Tzión? ¡Ki gadol kaiam shivrej! ¿Mí irpá-laj?).
En TisháBeav se leen también otras
lamentaciones (kinot), originadas en distintos episodios históricos tales como
las terribles matanzas llevadas a cabo por los Cruzados, a su paso por las
comunidades judías de Alemania y Francia (siglos XI-XII).
Vale la pena recordar que el trágico atentado
a la AMIA (Kehilá de Bs As) tuvo lugar el 18 de julio de 1994, (10 de Av en el
calendario hebreo).